Arqueología cristiana
Fuente: https://rsanzcarrera2.wordpress.com/arqueologia/
Las sesiones en esta lista de reproducción: https://www.youtube.com/playlist?list=PLZaV7pCtbLwrOet1vWyVMLB5flZuRn34S
Lo siguiente está incompleto. Mejor se puede seguir lo que está en este enlace: https://rsanzcarrera2.wordpress.com/2007/09/11/arqueologia-cristiana/
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A continuación pongo un curso completo de vídeos de esta interesante materia. El curso está impartido por un sacerdote amigo, D. José Antonio Íñiguez, profesor de Arqueología Cristiana en UDEN.
Además de los vídeos, en cada clase encontrarás un breve resumen de la materia y algunas fotos. El orden es el siguiente:
LAS CATACUMBAS O HIPOGEOS
En Roma a los cadáveres se les enterraba en lugares a las afuera de la ciudad. Estos lugares o cementerios podían pertenecer a familias concretas o pasar a ser de colectivos o sociedades como ocurre con el cementerio de los libertos. También se les podía incinerar y entonces se guardaban los restos en tinajas que se depositaban en lugares cuyos orificios recuerdan a los palomares y por eso reciben el nombre de columbarios.
Los cementerios bajo tierra, los hipogeos, aparecen por dos motivos. Desde el comienzo del cementerio como excavación, por ejemplo, en la falda de una ladera, o como extensión del cementerio de superficie, cuando llegó éste a su saturación, procurándose galerías bajo tierra, siempre sin que éstas excedieran los límites de la posesión que corresponde a la superficie.
Resulta interesante estudiar el origen del término “cementerio” y su relación con el término “catacumba”.
Hoy parece suficientemente demostrado que las catacumbas cristianas no son otra cosa que una transformación, y muy pequeña, de los Hipogeos paganos cuya tradición quizá se remonta a Etruria.
El hecho de que el cristianismo fuera reconocido en el año 313 por Constantino como una de la religiones del imperio romano supuso para las catacumbas una nueva etapa con tres fenómenos fundamentales: la modificación de algunas zonas para dar paso al lugar donde reposa el cuerpo de un mártir; el gran crecimiento en extensión por el aumento de nuevas galerías excavadas; y la aparición de otras catacumbas nuevas.
Termina el auge de las catacumbas en el siglo V con las invasiones bárbaras.
Durante la Edad Media, son veneradas pocas catacumbas, especialmente las que guardan reliquias conocidas.
Desde el punto de vista de la difusión geográfica de las catacumbas, puede decirse que el fenómeno catacumbario queda reducido al área de la península italiana y a sus islas más cercanas: Sicilia, Córcega y Cerdeña, y Malta.
En este momento estamos en disposiciones para elaborar un elenco de los elementos que componen tanto el cementerio de superficie como en la zona excavada de las catacumbas.
Los elementos catacumbarios más característicos son los siguientes:
- Tumba
- Túmulo
- Sarcófagos
- Ciborios
- Mausoleos
- columbarios
- Galerías
- Nichos
- Arcosolios y
- Cubículos
Otros elementos de las catacumbas menos característicos pero que también veremos son: Baldaquinos; Escaleras; Chimeneas y lucernarios; Cátedras
LOS TÉRMINOS «CEMENTERIO» Y «CATACUMBAS»
El vocablo corriente en la lengua latina para designar el lugar destinado a enterrar los cuerpos de los difuntos fue siempre necrópolis, la ciudad de los muertos, heredera de fuentes griegas. Pronto, cuando el número de cristianos creció hasta formar un auténtico grupo entre sus conciudadanos, inventaron los primeros una nueva palabra para diferenciar las necrópolis paganas de las solamente cristianas, seguramente después del año 150. El neologismo procede de un término también griego, como el anterior: koimáo, que significa dormir. De ahí obtuvieron la palabra coimeterium, de donde procede «cementerio».
Un origen absolutamente distinto al de cementerio tiene el vocablo «catacumbas». El nombre de catacumba con el que se denomina a estos lugares de enterramientos ha sido fortuito y se debe a que el primer lugar donde se descubren se llamaba ad catacumbas, un lugar cercano a la Via Appia Antica, próximo a la tumba de Cecilia Metella, en el tramo comprendido entre ésta y la ciudad de Roma, era llamado en los itinerarios medievales más viejos: «Cementerio catacumbas junto a San Sebastián en la Appia». Poco a poco, con el transcurso del tiempo, el toponímico «catacumbas» dejó de serlo para significar el nombre común que designa concretamente el cementerio cristiano bajo tierra. Al conjunto, cementerio de superficie y bajo tierra, o independientemente a cada uno de ellos, se le llama necrópolis.
LAS CATACUMBAS CRISTIANAS
Hasta mediados del siglo II -aproximadamente el año 150- no aparece ningún signo cristiano en las catacumbas conocidas, de manera que debemos pensar que hasta esa fecha los cristianos no debieron de tener cementerios propios y no se distinguieron sus lugares de enterramiento por ningún símbolo ni inscripción cristianos.
Desde la mitad del siglo II y hasta el comienzo del III, aparecen enterramientos cristianos con distintivos simbólicos o epigráficos de la nueva fe tanto en hipogeos familiares como públicos. Al final de este período, algunos de estos hipogeos fueron cedidos a la Iglesia, lo que produjo un crecimiento notable en el número y longitud de las galerías excavadas.
En el siglo III creció en muy alta proporción el número de cristianos en todo el Imperio, y algunos de los cementerios, ya plenamente cristianos en su uso, pasaron a ser propiedad de la Iglesia o fueron administrados por ella.
Las grandes catacumbas suelen poseer una zona pagana, otra mixta, de enterramientos paganos y cristianos, y otra sólo cristiana. Es además normal que tengan su origen en varios hipogeos iniciales separados que acabaron uniendo sus galerías al encontrarse unas con otras.
En este período debieron de aparecer como trabajadores fijos de los cementerios los fosores o fossarii, cuya función consistía en excavar las tumbas, las galerías y los cubículos, enterrar los cadáveres y cuidar, en general, del mantenimiento de todo ello.
LA LIBERTAD DE LA IGLESIA A PARTIR DEL 313 Y LAS MODIFICACIONES EN LAS CATACUMBAS
Las modificaciones de la viejas catacumbas para facilitar el culto a los mártires se reducen fundamentalmente en la apertura de grandes escaleras de acceso hasta la tumba venerada y la excavación, a su alrededor, de varias dependencias que consisten, por lo general, en un aula frente al sepulcro y, en un espacio tras él, el llamado retrosanctos. El aula puede ser sustituida por una basílica pequeña semienterrada.
Paladín de esta actividad fue el papa San Dámaso (366-386), que promovió la búsqueda de los sepulcros martiriales, dedicando a los encontrados bellos epitafios, tanto por su redacción poética como por la letra con que fueron grabados en losas de mármol por su cantero Filocalo, de quien reciben estos caracteres el nombre de filocalianos.
VENERACIÓN DE LAS CATACUMBAS DURANTE LA EDAD MEDIA
Ante los repetidos asedios de Roma por las tropas sarracenas a partir del siglo VIII, varios papas emprendieron el traslado de las reliquias más veneradas a un lugar seguro dentro de la ciudad, a la par que muchas autoridades cristianas, tanto religiosas como civiles, consiguieron adquirir restos martiriales, incluso cuerpos completos, para sus catedrales, palacios o monasterios. Esta devoción fue aminorando con el paso del tiempo, hasta casi desaparecer al final de los tiempos góticos, alrededor del siglo XV. En el siglo XVI, en Roma, sólo se visitaban las catacumbas de San Sebastián, la de San Lorenzo o de Ciriaca y la de San Pancracio. A partir de este momento, las catacumbas pasan a ser una realidad arqueológica.
LA DIFUSIÓN GEOGRÁFICA DE LAS CATACUMBAS
Efectivamente, desde el punto de vista de la difusión geográfica de las catacumbas, puede decirse que el fenómeno catacumbario queda reducido al área de la península italiana y a sus islas más cercanas, Sicilia, Córcega y Cerdeña, y Malta.
En el resto de la cristiandad la cantidad de estos vestigios es muy exigua. En números absolutos, la distribución de las catacumbas en el orbe cristiano es aproximadamente la siguiente: en el norte de África, 5; en Asia Menor, 4; en Cirenaica, 2: en Egipto, 9; en Palestina, 1; en Francia, 1; en Austria, 1; en Grecia, 1; en Rusia, 1; y en Italia, exceptuada Roma, en 42 ciudades, algunas con más de una catacumba. En Roma, 51-20 de ellas de la mayor importancia-, 7 en Malta, y en Sicilia, entre otras, el importantísimo conjunto de Siracusa.
EL CEMENTERIO DE SUPERFICIE
En la foto que se adjunta (pinchar para ver más grande) pueden observarse cuatro filas de tumbas excavadas en el suelo cubiertas por simples losas de piedra. En la cabecera de cada una de estas tumbas se levanta una lápida que contiene el nombre del difunto u otra leyenda fúnebre: recibe el nombre de estela.
A continuación, precisamente entre dos árboles que hace más fácil su reconocimiento, se ha situado un templete que cobija una caja de piedra: el primero constituye el llamado tegurium, baldaquino o ciborio, y el segundo, el sarcófago (Etim.:devorador de carne). Al fondo, arrimado a la pared, puede verse un tejadillo soportado por el muro y dos columnas, que también cubre un sarcófago: se trata del protectum o tegleta.
Junto a la tegleta, a su izquierda, aparece una serie de arcos apoyados en la tierra que forman otros tantos huecos en el muro, cerrados por su parte externa. El primero aloja un sarcófago, y los siguientes albergan unas simples tumbas excavadas en el suelo. Nos encontramos ante el llamado arcosolio.
A la derecha del ciborio se levanta un pequeño edificio destinado a contener los restos mortuorios en tumbas en el suelo y en nichos en las paredes, algunas veces en vasos de piedra o de barro para las cenizas: se trata del mausoleo. Los mausoleos podían hallarse aislados o adosados unos a otros, formando hileras que, a veces, constituían auténticas calles.
En la lámina se ha dispuesto junto al mausoleo descrito otro seccionado para poder mostrar cómo de su suelo parte una escalera que se adentra bajo tierra. Por ella se puede penetrar en el cementerio subterráneo o, más propiamente, en la catacumba.
LA ZONA EXCAVADA DE LAS CATACUMBAS
En la zona excavada de las catacumbas se encuentran los mismos elementos del cementerio externo con algunas modificaciones exigidas por su nuevo emplazamiento.
Sigamos con la foto adjunta. Del mausoleo que aparece cortado parte una escalera que se transforma en rampa hasta desembocar, en el interior, en una galería que la cruza perpendicularmente. En la pared N de esta galería E-O pueden observarse los lóculos o nichos, excavaciones de aproximadamente dos metros de largo por medio metro de fondo y altura, donde se coloca el cadáver en dirección paralela a la pared. El hueco se tapa con una o tres losas de piedra o de cerámica, llamadas lápidas.
También existen tumbas cavadas en el suelo de las galerías o de los cubículos (sobre todo en Sicilia y Malta).
Siguiendo por esta galería, en dirección O, encontramos un arcosolio, ahora elevado aproximadamente un metro sobre el suelo de la galería. Normalmente este arcosolio de la catacumba cobija dos tumbas, una bajo el plano horizontal donde arranca el arco cubierto también con lápidas y otra en la pared del fondo, bajo el arco. Unos estuvieron decorados y otros no.
En la misma galería, se encuentra la puerta de entrada a un espacio semejante a una pequeña habitación. En el caso particular representado pueden apreciarse dos filas de nichos flanqueando la puerta y un arcosolio en una de sus paredes. Se trata de un cubículo, heredero del mausoleo de la superficie, con los mismos elementos que aquél. El techo de los cubículos suele haber sido excavado siguiendo el esquema de una bóveda de arista muy plana, como queda representado en las líneas de puntos que delimitan el cubículo gemelo del anterior.
A continuación aparece el cruce de dos galerías, cuyos techos en forma de bóveda de cañón muy plano producen en su intersección una bóveda de arista.
Se ha representado una chimenea de ventilación -rara vez son de iluminación-; estos conductos suelen instalarse en el cruce de dos galerías, como puede observarse casi en el centro de la lámina, con un brocal de pozo de ladrillo en la superficie para impedir la caída de objetos, animales o personas en él. Si estos pozos se destinan a proporcionar luz al interior de la catacumba se llaman lucernarios. También pueden tener lucernarios los cubículos, en general mucho mayores que los de las galerías y frecuentemente más modernos.
Abundan pequeñas hornacinas excavadas en los muros para depositar linternas de aceite que proporcionan alguna iluminación a los cubículos o a las galerías de las catacumbas. En la lámina se encuentra un ejemplar representativo en la esquina de la galería de bajada con la primera transversa.
El baldaquino y la tegleta, al perder toda función al pasar bajo tierra, aparecen en muy pocos casos, casi todos encerrados en el área de Sicilia. Los estudiaremos en su lugar.